En esta guía quiero aclarar un poco los términos “vaginismo” y “dispareunia”. Numerosas consultas de nuestras clientas y de mis pacientes como terapeuta han demostrado que sería útil disponer de información que ayude a diferenciar entre vaginismo y dispareunia. Ambos trastornos provocan dolores intensos durante las relaciones sexuales con penetración o incluso pueden hacer imposible el coito, aunque presentan diferencias bastante claras.
Los diagnósticos médicos oficiales relacionados con la dispareunia, el vaginismo u otras formas de dolor durante el sexo son muy complejos. Además, como en parte difieren entre sí, resultan difíciles de comprender para personas sin formación médica, sobre todo porque también las y los terapeutas describen las transiciones entre una y otra “enfermedad” como graduales. Ambos trastornos se incluyen dentro del grupo de las llamadas disfunciones sexuales que provocan dolor durante el sexo. En mi explicación como terapeuta me parece más útil dirigirme directamente a las mujeres afectadas y, en su caso, a sus parejas.
Contenido:
El término “dispareunia” engloba diversas molestias en la zona genital femenina.
La definición oficial según la ICD-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades) de la OMS distingue dos formas:
Ambas formas de dispareunia se consideran crónicas.
Una explicación adicional aparece en el DSM-IV, el manual de la Asociación Psiquiátrica Americana. Describe la dispareunia como “dolor genital recurrente asociado con la penetración (> 6 meses) que no está relacionado con falta de lubricación ni con enfermedades médicas”.
Esto significa que la mujer sufre dolor durante las relaciones sexuales desde hace más de medio año y que este dolor no se debe a falta de lubricación vaginal. Resulta algo confuso que se mencione que no está relacionado con enfermedades médicas, ya que precisamente ese es el caso en la forma orgánica.
El término orgánico se refiere a causas físicas, es decir, a problemas corporales realmente existentes y visibles.
También aquí existen dos variantes:
Las formas más conocidas y frecuentes son:
Entre las causas más conocidas se encuentran:
Es fácil imaginar que todas estas afecciones pueden dificultar o impedir las relaciones sexuales y, en cualquier caso, hacerlas dolorosas. El tratamiento se orienta principalmente a aliviar o curar los síntomas físicos. No obstante, incluso en la forma orgánica también deben considerarse posibles causas psicológicas acompañantes.
Este término engloba a todas las personas que experimentan dolor durante el sexo sin causas visibles, más concretamente durante la penetración. Curiosamente este problema no solo afecta a las mujeres, sino también a los hombres.
ICD-10 Código F52.6: Dispareunia no orgánica
“La dispareunia (dolor durante el coito) se presenta tanto en mujeres como en hombres. Con frecuencia puede atribuirse a una afección local y entonces debe clasificarse bajo ese trastorno específico. Esta categoría solo debe utilizarse cuando no exista otro trastorno sexual no orgánico primario (por ejemplo, vaginismo o falta de lubricación vaginal).”
La dificultad para distinguir entre vaginismo y dispareunia se refiere principalmente a la forma no orgánica. En ambos trastornos funcionales la musculatura es la causa principal, concretamente la musculatura del suelo pélvico. En el vaginismo esta musculatura se contrae de forma involuntaria, de ahí el término coloquial “espasmo vaginal”.
La causa de la dispareunia no orgánica suele ser una hipertonía muscular. Durante mucho tiempo los problemas del suelo pélvico se asociaban principalmente con debilidad muscular. Hoy sabemos que muchas molestias se deben precisamente a lo contrario: músculos demasiado tensos, exceso de tensión y poca flexibilidad.
Como resultado, a pesar de existir lubricación vaginal suficiente, la penetración en la vagina resulta difícil o imposible y provoca dolor durante el sexo. La experiencia repetida de penetración dolorosa puede generar una espiral de miedo y dolor que a su vez reduce la excitación sexual.
En la práctica existen muchos casos de dolor durante el sexo que no pueden clasificarse con claridad. Además, no todas las personas especialistas en ginecología están familiarizadas con esta problemática.
Por ello suele ser útil un enfoque interdisciplinar entre ginecología, dermatología, urología, sexología y especialistas en musculatura para lograr un diagnóstico preciso y un tratamiento eficaz.
Para iniciar un tratamiento eficaz suele ser recomendable abstenerse temporalmente de las relaciones sexuales con penetración. Esto permite que los tejidos se recuperen y ayuda a romper la espiral de dolor y miedo.
Un elemento importante del tratamiento es la desensibilización y resensibilización. La mujer aprende a localizar las zonas dolorosas y a generar sensaciones diferentes mediante toques suaves y cuidados regulares: primero neutras, luego cada vez más agradables.
Otro aspecto fundamental es el movimiento y la relajación del suelo pélvico, por ejemplo mediante respiración abdominal y ejercicios pélvicos.
También es importante reflexionar sobre la biografía e identidad sexual, así como aprender a percibir la pelvis y el estado de tensión muscular.
Para tratar los síntomas físicos, los dilatadores suelen ser la mejor opción, especialmente en forma de set. Existen diferencias importantes entre ellos:

Además, con los Theros® Vaginal Stents puedes consolidar los resultados del tratamiento utilizando el stent después del uso de los dilatadores y llevándolo en la vida cotidiana.

Aprender movimientos suaves y fluidos también ayuda a relajar el suelo pélvico. Esto debería formar parte de una terapia integral.
Para la mente y la psique se recomiendan ejercicios de relajación como meditación, respiración consciente o viajes imaginativos.
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